Indígenas venezolanos consolidan su emancipación en año Bicentenario

14.04.2010 14:29

Indígenas venezolanos consolidan su emancipación en año Bicentenario
 

Foto: Archivo, ABN.
 
Caracas, 09 Feb. ABN (Lena Jahn).- Hace 200 años, lucharon en la batalla armada bajo el modelo del caciquismo; hoy, en la batalla de las ideas por la liberación plena, se activan en una avanzada horizontal, de participación igualitaria.

Fueron y son los indígenas venezolanos, relegados por una historia contada al antojo de quien decidió excluirlos de la memoria nacional y negarles su legítimo crédito como partícipes de la gesta independentista.

De esta manera lo expresa el viceministro de Pueblos Indígenas para el Territorio Comunal de Valles, Sabanas y Tepuyes de la Región Guayana, Carlos Somera, quien habla de una segunda emancipación como eje temático y conductor del 2010, año Bicentenario.

“En su debido momento, para la rápida toma de decisiones, hicieron falta la figura del cacique y las federaciones indígenas, ambas estructuras ajenas a la cultura y al espíritu de nuestros pueblos. Ahora, la batalla es diferente y la lucha se da desde los consejos comunales, mucho más afines a nuestras formas de organización”.

De acuerdo con Somera, el punto de partida hacia la nueva independencia lo marcó el jefe de Estado, Hugo Chávez Frías, cuando se postuló como candidato a la Presidencia de la República.

“Recuerdo las palabras de uno de mis sabios ancestros, hace 11 años, cuando me recomendó dar mi voto de confianza a ese hombre que hablaba como nosotros, a ese líder que se expresaba con el sentimiento propio de los pueblos indígenas y que nos hizo saber que nuestra hora había llegado”, relata.

Asegura que, desde entonces, quedó establecido en la historia el inicio de una segunda y definitiva gesta emancipadora.

“Hubo la empatía necesaria para que Chávez y su proyecto se convirtieran, desde ese momento, en la esperanza liberadora de nuestros abuelos”.


Desde las filas patriotas

Por allá en 1910, al frente de la región sur, en Guayana, el cacique Manikuyá comandó el frente emancipador de pueblos indígenas aguerridos, como los arekuna y los pemón, en una lucha que fue desde San Félix hasta Upata, pasando por El Callao.

“Pocos saben que en la Gran Sabana se dio una lucha cerrada contra los realistas, quienes venían por el oro, los diamantes y el territorio, mientras los indígenas se valieron de la ayuda de los tepuyes para organizarse de punta a punta y ver claramente quiénes venían ”, relata Somera.

Rememora cómo, en la región de Los Llanos, destacó la batalla dada por los mestizos, resultado del cruce entre españoles y aborígenes cuiba y pumé.

“Fueron el bastión, la fuerza más grande, los más combativos en la lucha independentista. Mestizos que estuvieron al frente, junto con José Antonio Páez, y que hoy encabezan los frentes zamoranos de la región llanera”, dice.

Cuenta la historia ancestral que el pueblo arawako, de La Guajira, hizo un pacto con los Caribes para defender territorios indígenas, con la participación destacada de los wayú y los añú.

Cumanagotos, kariñas y chaimas, pueblos originarios de la costa, también formaron parte de las filas patriotas.

“Sí hubo participación indígena en la lucha independentista, no está escrito porque no se reconocía pero nuestra tradición oral, adquirida a través de nuestros sabios ancestros, así lo indica”, subraya.

Somera sostiene que la lucha fue de todos los venezolanos, por lo cual han centrado esfuerzos en que se incorpore ese conocimiento, hasta ahora sólo transmitido de generación en generación, en el currículo escolar bolivariano, como parte de las transformaciones que contempla la Ley Orgánica de Educación.


Independencia gestante

A 200 años de la lucha independentista, nace, desde el clamor aborigen, la intención de batallar por una nueva liberación hacia la consolidación de un país libre y soberano que reconozca las potencialidades de los pueblos originarios de Venezuela.

Una de las metas, de acuerdo con el viceministro Somera, es lograr la independencia económica y dar un giro definitivo al pensamiento capitalista y consumista que, de alguna manera, llevó a los pueblos indígenas a la miseria.

Además, configurar nuevos esquemas de pensamiento que validen el legado y la cosmovisión originaria, rumbo a lo que Somera denomina la descolonización de la educación.

“Nosotros tenemos nuestros propios métodos de enseñanza, horarios y modelos de aprendizaje que deben respetarse y que no pueden ser reemplazados por otras doctrinas. Queremos impulsar nuestro sistema de educación de acuerdo con nuestras necesidades, sin apartarnos del desarrollo de la sociedad, en paralelo con la revolución”, dice.

Somera parte de que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad, juego pernicioso en el que el desconocimiento y el paso del tiempo no sólo conspiraron contra la esencia indígena, sino que cercaron su horizonte.

“La gente se acostumbró a escuchar y creer lo poco que se decía sobre nosotros, como aquel modelo restringido que enseñaban en la escuela, según el cual sólo vivíamos de la caza, la recolección y la pesca. No existía un impulso a la diversificación de la producción como lo vemos ahora, rumbo a la soberanía alimentaria”, considera.

Otro de los objetivos que precisa Somera apunta a la independencia organizativa, en franca lucha contra las imposiciones que pretendían agrupar a los pueblos indígenas en asociaciones civiles o fundaciones, estructuras que nada tienen que ver con la cultura y vivencia originaria.

“La lucha de hoy es contra las organizaciones representativas que por mucho tiempo, y en nombre de todos los pueblos indígenas, captaron recursos sin que nos diéramos cuenta. Ya no necesitamos que alguien venga a imponer esquemas, a decirnos qué hacer”.


Espacios ganados

Llevar adelante el proceso emancipador en curso es posible, a 200 años de su estallido, gracias a los terrenos conquistados por los indígenas en el ámbito político nacional.

“Ya no estamos solos luchando por la inclusión, hemos ganado institucionalidad, hemos penetrado en el Estado y eso sólo se ve en un proceso revolucionario”, dice.

“Soy pemón, pero también soy viceministro, posibilidad que se me ha brindado para conducir políticas de Estado en materia indígena en función de nuestras genuinas necesidades, de nuestro sentimiento social”, expresa, y resalta el carácter alternativo que debe poseer ese y todos los cargos gubernamentales a los que puedan acceder.

“No se trata de que espacios como éste lo tome una misma persona para siempre, debe ser una responsabilidad rotativa, de acuerdo con las exigencias de nuestros pueblos, pues la tarea de materializar la independencia, aún en evolución, se nos ha encomendado a todos los venezolanos y venezolanas”, precisa.


El despertar de los pueblos

Los pueblos indígenas están conscientes de la responsabilidad que tienen en el proceso de reivindicación de sus propios derechos, como parte de la nueva gesta emancipadora.

De acuerdo con Somera, el autorreconocimiento incluye acciones plausibles por parte de las comunidades originarias, como el diseño de proyectos autosustentables que, por un lado, abastecen las necesidades locales y, por otro, aportan al desarrollo del país a través del pago de impuestos.

“Hoy el indígena se reconoce ciudadano y se ubica en su mejor momento, pues nuestro calendario y nuestros conocimientos originarios nos permiten saber que la hora de los movimientos aborígenes de nuestro país y de América Latina ha llegado”, sostiene.

Somera apuesta por la activación de cada uno de los indígenas al frente de sus espacios, para lo cual impulsarán con más fuerza el Frente Cacique Guaicaipuro, a lo largo de este año bicentenario, con miras a la construcción de la revolución dentro de las comunidades.

“Sólo se necesita la voluntad, el sentido de pertenencia y el arraigo, esencia del socialismo, del compartir, del trabajo colectivo que dignifica, que mejora la calidad de vida y que desplaza al capital”, dice.

En sus apreciaciones, considera que el despertar del pueblo no hace distingo de raza ni color, en virtud del mestizaje que pinta los rostros del 92% de la población venezolana.

“Cuando vemos los movimientos sociales en defensa del proceso revolucionario que se dan en Caracas, tierra de Manaure y de Catia, sabemos que es el espíritu guerrero de Guaicaipuro que corre por las venas de cada uno de sus hijos e hijas”, expresa el viceministro.

Asegura que la lucha de los indígenas no es ajena a la lucha de los campesinos, de las mujeres, de los habitantes de las grandes barriadas y sectores populares.

“Es la batalla de todos y todas que se reanima en esta era bicentenaria. Es el despertar hacia una nueva liberación, cuando la guerra ya no es armada ni en el campo de batalla, sino por la batalla de las ideas, por la verdadera democracia participativa que conduce a la suprema felicidad social”.
 
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