Victoria Chaima en Caripe

13.04.2010 14:01

Victoria Chaima en Caripe del Guácharo

Morella Jurado, “Digestiones de Pachamama˝
por 
Henriette Arreaza

Hace 8 años, motivada por los derechos que les consagraba la nueva Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, la comunidad Chaima de Caripe del Guácharo, en el estado Monagas, se dirigió a la Alcaldía de Caripe para manifestar su intención de participar en los procesos electorales como comunidad indígena; nombrar sus representantes en la Asamblea y cuerpos deliberantes; y tener acceso a los antiguos documentos donde se les asignaba la propiedad de sus tierras.

La respuesta de las autoridades fue de extrañamiento absoluto: ¿Los Chaima? Pero si los Chaima no existen.

Existimos, somos doce mil, estas eran nuestras tierras, nuestros apellidos: Morocoima, Caripe, Caranama, Tarimucio. Nuestros cerros: Chacaracuar, Chariguar, Guamo, Tucuyucuar. Nuestros ríos: Guarapiche, Amana, Areo, Cocollar. Nuestras sabanas: Catuaro, Masaguar. Nuestras frutas: perikawá, kumo, tapiramo. Todas esas voces nos nombran, ¿no dicen acaso que existimos?

Es la lengua lo que demuestra que existimos, sin lengua no hay identidad. Entonces con unas mil palabras en sus mapires comenzó la batalla por la reconstrucción de la lengua.

No era suficiente la palabra que los cantaba. En el tiempo mítico basta el relato oral. En el canto se reproduce una y otra vez la existencia. Para saber se escucha, no hay demostración más fehaciente que el sonido de las potencias divinas. Pero en el plano razonable de la historia, lo histórico debe estar escrito, es el ojo el testigo de los acontecimientos reales. Queda el oído para escuchar leyendas.

A partir de ese momento, esta comunidad indígena de las serranías del Guarapiche comienza una nueva lucha que no es sino la continuación de la épica de sus antepasados, despojados de sus tierras mediante viejos trucos de extorsión desde siempre practicados por los colonos europeos.

En un trecho de la batalla, un gran hallazgo: el libro Los Chaima del Guácharo, de Jean Marc de Civrieux, aparecía por arte de magia escapado de los anaqueles del Banco Central. Nadie se los llevó sino el azar o tal vez la rueda kármica de sus ancestros. Allí podía posarse el ojo discriminante de la historia. Allí estaba el testimonio de sus antepasados, la foto de la abuela Victorina Pianaima. Las palabras introductorias de Civrieux suenan premonitorias:

“En las páginas que siguen deseamos dejar constancia de la existencia del antiguo pueblo chaima, que vivió en estrecha armonía con la naturaleza y cuya cultura se desvaneció por obra de la civilización, conducida bajo el pretexto de la civilización y el progreso… Buscamos forjar una conciencia para evitar la destrucción de los grupos minoritarios herederos de aquellos valores, etnocidio que las futuras generaciones no nos perdonarían.”

Con el libro de Civrieux como espada luminosa que iba abriendo una a una las puertas del conocimiento sobre su antigua cultura caribana, y bajo el estandarte de la antigua Cacica Urimare, la comunidad Chaima de Caripe del Guácharo corona victoriosa esta batalla.

Fueron años de estudios y recuperación de su lengua (extinguida mediante expresa prohibición); creación de una escuela para niños chaima; recorridos por las aldeas lejanas donde se refugiaron sus ancianos; debates; consultas públicas; mesas de trabajo entre indígenas y concejales. Ningún esfuerzo se escatimó para lograr la meta de su reconocimiento jurídico.

El pasado 12 de octubre la población Chaima de Monagas celebró en la Plaza Bolívar de Caripe el nacimiento de la Ordenanza Indígena emitida por la Alcaldía del Municipio Caripe que, estructurada en dos títulos, tres capítulos y 15 artículos, les reconoce sus derechos como pueblo originario sin menoscabo de su presencia en otros municipios.

La Sierra de los Chaima, cruzada por ríos y árboles gigantes, constituye un sistema de riego natural y provee de agua a todo el oriente del país, incluyendo a la isla de Margarita. El reconocimiento de la soberanía sobre sus tierras a los habitantes originarios, a sus antiguos y verdaderos guardianes, es una garantía de protección de esta riqueza y una razón más para celebrar la buena nueva.

¡Vivan los Chaima!

 


A Sora, David, Nicolás Zapata, Rizquez, Chano, Cármen
y a todos los guerreros del Guácharo y Santa María



 

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